Se nos ha ido Enrique Sánchez Leal (Málaga, 26 de junio 1941- Hospital Puerta de Hierro Majadahonda, 23 de diciembre 2021). Ningún artista pintó tanto Pozuelo y sus paisajes. Nacido en Málaga hace 80 años, pozuelero de adopción. Casado con Maricarmen Chamizo, bibliotecaria de la complutense, tenían tres hijos: Quique, Sergio y Elena, y cinco nietos. Amante de la vida social, conocía y disfrutaba de los bares del municipio y las historias de los pozueleros de toda la vida. Le encantaba hacer caricaturas, que regalaba. Economista, durante años compaginó su trabajo en multinacionales -hasta el último en Sotheby´s- con su pasión por la pintura.
Personaje entrañable, bohemio, contradictorio, generoso, con él se va parte de la historia de un pueblo que ya no existe, aunque nos quedan sus cuadros.
Ute Kadner, Elena Hernández Nevado, Maricarmen Chamizo y Enrique Sánchez Leal, Inauguración de "Simone de Beauvoir dice", 1999.
Enrique Sánchez Leal en el MIRA de Pozuelo
(Exposición antológica 2018)
Enrique Sánchez Leal podría ser un personaje de Valle Inclán o Benito Pérez Galdós, pero como ha nacido en estos tiempos le ha sacado en su libro del Café Gijón el gran Pepe Esteban. Enrique es un pintor del natural, algo así como un dinosaurio en los tiempos en que se ha decretado la muerte de la pintura. El hace un acto de amor y pasión en cada cuadro, deja constancia de un flechazo, de un enamoramiento. Pintor del natural... El va eligiendo paisajes, pueblos, rincones. Tozudo cuando se pone, se empeña y se emperejila, puede desafiar la lluvia o dormir con un pastor que le ha dicho que la vista cuando es realmente buena es con la amanecida.
Sánchez Leal es un hombre ‘carpe diem’. Como en muchos artistas que conozco la pintura es una obsesión, y en su caso las caricaturas son una hija pequeña. Es fácil verle embebido atrapando en una de sus libretas a una jovencita sensual o a un barbudo impenitente, entre copa y copa, en un ritual que el muchas veces él hace mágico. Andaluz, Enrique ha hecho un personaje de sí mismo. En el MIRA de Pozuelo cerca de doscientos cuadros, con un apartado especial de Pozuelo, que son un elogio de la luz, de Venecia a Nueva York, del mar a la montaña. Valoramos mucho su esfuerzo, que habla de la belleza de siempre, de los pequeños momentos que valen toda una vida, de su mágico diario de vitales campos de batalla con su paleta de óleos y sus pinceles. Sí, Enrique Sánchez Leal habla de la vida, contracorriente.
Enrique, Pozuelero del año, reconocimiento de la Asociación Cultural La Poza. Un 17 de diciembre de 2005, con Esperanza Morón, cronista de la villa.
En la sala de exposiciones de MIRA, en la presentación del Diccionario de Artistas de Pozuelo de Alarcón, 2019. Quizá su última aparición pública. Aparece conmigo y con su hija Elena, con Rosa Valmala; Cristóbal Olmedo y su cuñado Pedro Lázaro.
En el pueblo que ya no existe...
En Tabarca, con Victor, nieto de Ute Kadner.
Recién terminada una caricatura. Su propietario, feliz, Inauguración de Aforadas, marzo 2012
Coloquio sobre la exposición de David Trullo "CRÉDITO", 1995. David Trullo, Ian, Enrique y Orcajo.
Antonio González en su inauguración en la sala Caja Sur, Gran Capitán. Córdoba. 2001
El pasado 17 de setiembre fallecía en su casa de Villanueva de la Cañada Antonio González Herranz, a los 86 años de edad. Nacido en Cañete de las Torres, Córdoba, un 16 de mayo de 1933. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Vecino de Pozuelo de Alarcón gran parte de su vida, se casó con Meri Lázaro y tuvieron 6 hijos: Mari Paz, Sotero, Mari Luz, Gloria, Yair e Isai. Su estudio al lado del Instituto Gerardo Diego, junto al puente de la vía del tren en la estación, fue un lugar de trabajo privilegiado y un espacio de libertad y encuentro con sus alumnos y amigos. Siempre hablaba con nostalgia de El Foro y lo que para él pudo ser "una nueva Bauhaus".
Exposición en el Centro Cultural La Despernada, de Villanueva de la Cañada. Marzo 2015.
Antonio González fue uno de los artistas que en los años cincuenta y sesenta renovaron el arte sacro en nuestro país. Desarrolló una parte importante de su vida trabajando en Radio Televisión Española. Desde su exposición en la mítica galería Skira -una de sus obras fue adquirida por la Christie´s de Nueva York-, mostró su trabajo en el Ateneo de Madrid, la galería Margarita Summer, en Jaén, Zaragoza o Córdoba. Su última antológica se celebró en el centro cultural La Despernada, de Villanueva de la Cañada en 2015. Le entrevisté en los primeros años de La Voz de Pozuelo y tuve con él largas conversaciones. Amigo de Ute Kadner y de Enrique Sánchez Leal, era un solitario en el terreno artístico, obsesionado con su nueva forma de ver el arte, y con plasmarlo. Libre ya en los espacios siderales que tanto le atraían.
Imagenes de la que ya es su última antológica en La Despernada.
Amtonio González en el Diccionaro de Artistas de Pozuelo de Alarcón: Antonio González
Expone
en Alejandría ad Hoc del 2 de febrero al 15 de marzo.
Loreto
Pozuelo es
una artista con una dilatada carrera artística. Quienes conocemos su
trayectoria, con una serie de lógicas variaciones de temas, técnicas
y soluciones, percibimos una corriente poética constante que nace de
una profunda sensibilidad. El arte, en cualquier expresión, es fruto
de una dialéctica con el entorno y nuestro propio ser. Loreto lo
expresa de esta manera: «Mi
obra surge de un deseo de provocar al espectador. Desmarcándome un
poco de la línea más sobria y evocadora, mi propuesta, esta vez
habla de la hipocresía en la que estamos inmersos todos en algún
momento, tratando de ser un poco más crítica que poética, sin
perder el lenguaje surreal».
Beligerante
y contradictoria, la vida se muestra como una rosa con
espinas: «Vivimos detrás de una pantalla, en una vida un poco
maquillada… estamos enganchados a las redes sociales y no vivimos
la realidad muchas veces. ¿Por qué nos escondemos?, ¿por qué
ocultamos cosas o mostramos solo parte de nosotros?, ¿y por qué nos
dedicamos a observar a los demás como si la vida se tratara de un
enorme Gran Hermano? Parece que somos más débiles si nos sinceramos
y nos mostramos como somos en realidad…».
El
gran debate desde los románticos: el ser y el parecer, el deseo
propio y las ganas de sentirnos aprobados: «La
naturaleza humana es a veces un tanto mezquina, y lamentablemente
todos, alguna vez, por interés o miedo, hemos sido hipócritas. La
hipocresía es un tipo de mentira, una búsqueda de lo que no se es,
y una manera de ser. Ese miedo a la franqueza hace que nos
escondamos. Hoy en día actuar así se considera casi un mal
necesario, que necesitamos para sobrevivir en esta sociedad…
entonces yo me hago esta reflexión: en qué grado de pobreza social
nos encontramos, cuando consideramos como algo útil y necesaria esa
hipocresía».
El
cuadro de Frida es
el leitmotiv de
la muestra de una manera intencionada y reveladora: «Mujer
que emponderó a las mujeres creativas y apasionadas, con una gran
pasión por vivir la vida sin prejuicios ni miedos. Solo disfrutar.
Hay muchas formas de esconderse, cerrar los ojos como un niño, tras
una piel o un disfraz, una mirilla… Al final es FINGIR. Y hay dos
formas de hacerlo, la simulación, mostrando lo que se desea
aparentar, o el disimulo, ocultando lo que no queremos mostrar».
En
una ocasión, el comisario y poeta Jesús
Gironés escribió: «Loreto
es como sus pinturas, libre y soñadora, que no se traga la realidad…
por eso no necesita pies, pues tiene alas para volar».
Y
para finalizar, un manifiesto estético y vital de Loreto
Pozuelo: «Miro
a la realidad dándole la vuelta para que se vea tal y como es».
[Nota
de Prensa de Alejandría ad Hoc]
Loreto Pozuelo, obra que aparecía en el anverso de la postal para su individual en El Foro, Fobias. ¡Hace 18 años! Abril/mayo del 2000.